martes, 26 de junio de 2012

La explosión inminente de Egipto


La explosión inminente de Egiptopor CEPRID
Abdel Bari Atwan
Al-Quds Al-Arab
Traducido para el CEPRID (www.nodo50.org/ceprid) por Cristina Portales

Egipto es como un volcán a punto de estallar y arrojar lava por todas partes. Hay dos eventos importantes que tienen que ser tomados en cuenta: el anuncio del Comité Supremo [de las FFAA] sobre que las elecciones determinarán la identidad del próximo presidente y las condiciones de salud del depuesto presidente, Hosni Mubarak. Ambos están estrechamente relacionados y no se descarta que el anuncio de la muerte clínica del ex presidente sea una bomba de humo que oculte la sorpresa más peligrosa de todas: que ganó la elección presidencial Shafik Ahmed [ex ministro de Mubarak y candidato de los militares].

Los medios de comunicación egipcios, tanto oficiales como “independientes” establecen dos elementos esenciales: el primero, la “demonización de la Hermandad Musulmana y su candidato, Mohamed Morsi, intimidando [a la gente] y exagerando con su llegada a la presidencia y la repercusión en la economía, el estado de las libertades civiles y políticas y [su papel respecto a] los medios de comunicación. Los feroces ataques contra los Hermanos Musulmanes son respondidos por éstos de la misma forma, contra todos los que no están de acuerdo con su punto de vista, lo que crea una atmósfera de guerra y no de competencia democrática. El segundo, la campaña de rehabilitación del presidente Hosni Mubarak al mostrarle como un militar heroico en la guerra [contra Israel], publicando decenas de fotos como comandante de la Fuerza Aérea y dando la mano al fallecido presidente Gamal Abdel Nasser.

Esto es lo que refleja el Egipto de hoy, una práctica para manipular las elecciones en favor de su candidato. Pero lo que oímos es que los votos están parejos, que hay recursos de casación presentados por el equipo de Shafiq e indicadores de la aceptación potencial del Consejo Militar de las Fuerzas Armadas. Es él quien tiene todos los recursos [en sus manos] para decidir quién es el presidente de Egipto y de su futuro, pues tiene, además, el Tribunal Constitucional y la justificación legal para ese contexto.

Nunca antes en la historia, nueva o vieja, tanto en democracias maduras como emergentes, hemos escuchado o leído algo parecido a este asunto del “añadido” constitucional [se refiere a la anulación de las elecciones parlamentarias y al papel de los elegidos para la Asamblea Constituyente]. Todo esto no tiene precedentes ni en el derecho constitucional árabe ni en el extranjero. El poder legislativo y la mayor parte del ejecutivo se encuentran ahora en manos de la Junta Militar, incluyendo el arresto de los ciudadanos y su enjuiciamiento por tribunales militares, lo que significa volver al estado de emergencia y la ley marcial antes del anuncio del nuevo presidente y antes de las elecciones parlamentarias.

En la opinión de los expertos jurídicos, ha habido fraude y violación de la ley con la disolución del Parlamento, además de ser un costo para el tesoro de Egipto, ya en grave anemia financiera. Pero hay otros que están a favor de esto y hacen hincapié en la importancia de respetar las disposiciones de la judicatura no sólo para preservar la democracia, sino para proteger a otras instituciones del Estado del colapso.

No se puede olvidar el tema más importante: queda en manos de la Junta Militar la decisión sobre la guerra, privando de este derecho al presidente electo, lo que es un paso para tranquilizar a EEUU e Israel. Estos dos países no saben muy bien qué haría Morsi, ni su rival Shafiq, en virtud de las difíciles condiciones económicas. El Consejo Militar justifica esta decisión para mantener la estructura del estado civil y sus instituciones, evitando el establecimiento de un estado religioso. Pero esto no puede convencer a nadie y recuerda el modelo de Argelia.

No se puede predecir qué pasará después de estos movimientos, ni si muere Mubarak o la identidad del nuevo presidente. Pero sí se puede predecir que la explosión es inminente porque no hay un plan para contrarrestar a los militares. El general Omar Suleiman, el más oscuro jugador [fue jefe del servicio secreto con Mubarak] ya dijo que los islamistas no gobernarán en Egipto, incluso si ello conducía a un golpe militar. El golpe se ha dado poco a poco, cuidadosamente medido, y cuando se hagan más claras las imágenes en todos sus detalles esperaremos lo peor, y lo digo con amargura. La luz que derramó la plaza de Tahrir está todavía muy lejos.

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