lunes, 9 de julio de 2012

El Imperio y la derecha venezolana tienen su plan B

El Imperio y la derecha venezolana tienen su plan B
MARIO SANOJA OBEDIENTE|

 Para adivinar cuál será el contenido del Plan B del Imperio y su franquicia local, la MUD, basta con leer y analizar todos los días la prensa internacional y nacional que se publica en Internet. Para comenzar, una realidad que se hace evidente es la profundidad de la crisis sistémica que resquebraja persistentemente lo que fue el núcleo duro del capitalismo.

Dicha crisis fue precipitada por el abandono de las tesis keynesianas que habían servido tan eficazmente al éxito político de la social democracia y la sociedad de bienestar, a favor del neoliberalismo, ese “cadeu empoisoné” (regalo envenenado) que le dio von Hayek a los capitalistas de Europa y Estados Unidos, el cual nos lo quiso imponer el Imperio como el Consenso de Washington materializado en el ALCA.

Los dogmáticos neoliberales tienen como meta llevar el proceso de acumulación de capitales hasta el extremo, para enriquecer al máximo ese 1% de privilegiados vinculado mundialmente a las finanzas, la banca y las transnacionales. De esa manera, haciendo befa de la democracia electoral como ya ocurrio en Irlanda, Grecia, Portugal y España, han llegado a designar a dedo los banqueros que van a ser la cabeza de los gobiernos en esos países, quienes permitirán exprimir sin cese, para su propio beneficio, la riqueza producida por los pueblos empobreciéndolos hasta la muerte. Se formará así finalmente, esperan, un gobierno universal comandado por ese 1%. La cabeza de dicho gobierno en ciernes ya está instalada desde hace tiempo en Wall Street (USA), en Tel Aviv (Israel), en Ryad (Arabia Saudita) en Alemania y en Francia, pero no podrán convertirlo en hegemónico unipolar si no cambian la actual geopolítica mundial del poder.

Para cambiar dicha geopolítica el capitalismo está tratando de cubrir su flanco débil, apropiandose de las principales fuentes de energía fósil que se encuentran en territorios que ellos no controlan totalmente. Así, lanzaron su proyecto político “Primavera Árabe”, que casi fracasa en Egipto, el cual les permitió paralizar políticamente a los gobíernos del Mahgreb para poder destruir a Libia sin oposición y apoderarse del su petróleo y sus enormes acuíferos. Ahora van por el territorio de Siria: si logran derrocar el gobierno de El Assad, podrán utilizarlo como corredor estratégico para atacar simultáneamente a Irán desde el Mediterráneo y el Pacífico y destruir sus fuerzas productivas. Logrado ese objetivo, podrán flanquear al bloque Rusia-China desde el este y el oeste, contener a dichas potencias y dedicarse más tranquilos a liquidar sus enemigos en América Latina, donde se encuentran las mayores reservas mundiales de petróleo y gas, acuíferos inmensos, grandes reservas de minerales estratégicos, de tierras cultivables y de biodiversidad y una mano de obra y elites políticas ya trabajadas ideológica y culturalmente para favorecer el neoliberalismo.

El éxito del libreto del proyecto, ya lo sabemos, reposa en el control hegemónico mundial de los medios de comunicación que sirven, como dice Walter Martínez, para crear la masa crítica que precede a la intervención militar o política, directa o indirecta. En el momento actual el proyecto de gobierno mundial ya tiene sus bases estratégicas aseguradas a lo largo del litoral pacífico de Nuestra América: México, Guatemala, Honduras, Salvador, Costa Rica, Panamá, Colombia, Perú, Chile y ahora en Paraguay.

Las economías del eje Venezuela-Brasil-Argentina son las más poderosas de Suramérica. Venezuela es vital para lograr la expansión estratégica de Mercosur hacia el Caribe: ello explica la sombría alianza de la derecha paraguaya con la derecha venezolana de la MUD (¡Remember Leopoldo López y Franco el gorila paraguayo, Leopoldo López y el PRI, Leopoldo López y Uríbe Vélez, Uribe Vélez y Peña Nieto, etc. etc.). Pero el presidente Chávez luce electoralmente imbatible para la justa presidencial del 7 de Octubre de 2012, por lo cual la ofensiva de la derecha está dirigida a minar las instituciones electorales que legitiman la honestidad y transparencia del proceso electoral y cantar fraude, mentira que será recogida y amplificada por la prensa burguesa internacional y nacional.

El Plan B, variante venezolana del proyecto hegemónico mundial, plantea la utilización de un candidato presidencial sin relieve político que le quite seriedad a la importante elección del 7 de Octubre, que decidirá tanto el rumbo definitivo de la Revolución Bolivariana como el equilibrio mundial. Al mismo tiempo, como ya todos sabemos, se atacará la seriedad y le eficiencia del Consejo Nacional Electoral para restarle importancia al triunfo del Presidente Chávez y crear la masa crítica de opinión mundial que tendrá como leiv motif el supuesto fraude electoral. El fraude electoral montado el México por el PRI, sirve para darle credibilidad a aquella matriz mundial de opinión y desprestigiar, de paso, los procesos democráticos progresistas en América Latina. Esa campaña mediática ya ha comenzado a funcionar en todo el mundo.

Si la campaña mediática mundial se adereza también con algunos atentados (recuerden Siria) y ataques a civiles de paramilitares colombianos que están desde hace largo tiempo en algunas zonas fronterizas y ciudades venezolanas, empezaría a configurarse el fraude informativo sobre las matanzas de civiles inocentes, como en Libia y Siria. No faltarán, sobre todo en España, supuestos “intelectuales de izquierda” que pedirán a gritos la intervención en Venezuela por la OTAN, las Naciones Unidas y la OEA para conformar un grupo de “amigos de la MUD” que ponga en marcha un proceso de transición hacia el pasado neoliberal de la IV República. Hilaria Clinton será, sin duda, el primer chicharrón de la sartén.

Es muy posible que lo que hemos imaginado, nunca llegue a suceder. Pero no debemos comernos ese cuento del candidato bobo, porque detrás de esa triste figura se esconde el puño de hierro imperial, encarnado en algún traidor local que se preste, llegado el momento, a tratar de destruir nuestra Revolución.

Debemos tener en cuenta, como dijimos al principio, que la crisis sistémica del capitalismo neoliberal no tiene ya regreso. Pero los dogmáticos neoliberales sí creen que lo tiene, una vez que hayan logrado destruir sus enemigos por la fuerza mediática-militar. Ellos ya no tienen mucho tiempo para lograr sus objetivos antes que colapsen la Unión Europea y Estados Unidos, por eso Rusia y China tratan de alargar los plazos estipulados en el libreto imperial, esperando inteligentemente que aquel proyecto bélico-mediático colapse sin tener que llegar a una nueva guerra mundial Y esos plazos se pueden contar quizás en semanas y meses.

Por esa razón, para poder vivir y vencer tenemos que preparar y consolidar el futuro de nuestra Revolución Bolivariana con mucha inteligencia y con mucha pasión. ¡Viviremos y venceremos!

#Ahmuchachopabobo, tuiteros lo posicionan en el Trending Topic de Twitter

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Armamento nuclear: hipocresías escandalosas

Armamento nuclear: hipocresías escandalosas

IMMANUEL WALLERSTEIN| El mundo se ha preocupado por un posible Armagedón nuclear desde que Estados Unidos arrojó dos armas nucleares sobre Japón en 1945. Éstas fueron, digamos, las únicas dos bombas atómicas que se han utilizado en alguna guerra real.

Que Estados Unidos poseyera la bomba atómica le dio, por supuesto, una ventaja militar enorme. De ahí siguió que Estados Unidos quisiera mantener un monopolio del arma y que otros países intentaran romperlo. Primero, sobre todo, la Unión Soviética lo intentó, y lo logró en 1949. Lo que se temía como una gran catástrofe resultó una bendición maravillosa. Desde ese punto en adelante las dos “superpotencias” se trabaron en un acuerdo mutuo, no expresado, de no ser “el primero” en utilizarla. Pese a las constantes sospechas de cada uno, el acuerdo tácito se mantiene hasta el día de hoy.

Hubo otros, sin embargo, que pensaron que merecían ser parte del club. Gran Bretaña fue invitado a entrar por Estados Unidos. Y tanto Francia como China ignoraron todos los ruegos y presiones de que permanecieran no nucleares. Así, en la década de 1970, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas eran potencias atómicas.

Fue en ese momento que Estados Unidos hizo el intento de cerrar el club a futuros miembros. Promovió un Tratado de no Proliferación de Armas Nucleares (NNPT, por sus siglas en inglés), que en esencia ofrecía un trato. Si todos los otros (no los cinco) renunciaban a desarrollar armas atómicas obtendrían dos cosas a cambio: 1, el derecho a desarrollar los usos pacíficos de la energía nuclear, y, 2, una promesa de que los cinco nucleares negociarían una reducción de sus arsenales atómicos, encaminados hacia un eventual punto cero.

El mundo entero firmó ese tratado, excepto tres países: Israel, India y Pakistán. Los tres procedieron a desarrollar armamento nuclear. Y pese a las reprimendas iniciales de varios tipos, quienes no fueron invitados al club se volvieron miembros de facto.

Desde el principio han existido dos problemas con este pacto. El primero es que ninguno de los cinco iniciales (mucho menos los tres adicionales) han tenido nunca la intención de reducir su arsenal nuclear y nunca lo han hecho. En fechas recientes, con el fin de que el Congreso estadunidense ratificara una extensión al NNPT cuando expiraran los primeros 25 años planteados en el tratado, el presidente Obama anunció una actualización de las armas estadunidenses. No hay duda de que lo están emulando las otras potencias atómicas.

El segundo problema fue técnico y tuvo implicaciones políticas enormes. Parece que, con el fin de garantizar los usos pacíficos de la energía nuclear, un país necesita alcanzar niveles de competencia técnica tales que, entonces, es muy fácil ir un paso más allá y construir armas atómicas. Este derecho, sin embargo, fue la gran zanahoria que se ha ofrecido a las potencias no nucleares que accedieron a no “proliferar”.

Eso nos deja en donde estamos ahora. Los cinco atómicos (sin duda los ocho nucleares) han estado “mejorando” sus armas. Simultáneamente, Estados Unidos (y algunos otros) intenta tenazmente negar a las potencias no nucleares el único derecho que tenían en el tratado que firmaron. Éste es el punto que se debate con Irán. Lo que Estados Unidos e Israel argumentan vociferando es que a Irán no puede confiársele que pueda 

Ejercer el derecho que el tratado le da a Irán, porque entonces, no importa lo que diga ahora, irá un paso más allá. Y entonces, implican, utilizará la bomba para atacar a Israel.

Corea del Norte se retiró del NNPT (aunque un tanto ambiguamente) y ahora es la novena potencia nuclear. Toda una serie de países están siguiendo el mismo camino que Irán, es decir, aumentar el nivel técnico de sus procesos atómicos. Pero Estados Unidos parece pensar que son más “dignos de confianza” y, por tanto, no hace escándalo público sobre el asunto.

Todo mundo “miente con todos los dientes”. Los países no están trabajando para evitar una catástrofe nuclear. Están buscando mantener y/o mejorar su posición política vis-à-vis sus supuestos antagonistas. Nadie quiere una bomba para arrojársela a otros. Todo mundo desea una bomba para que nadie le arroje una.

Se trata de un estancamiento total, y continuará siéndolo. No está en el interés de ningún país hacer concesiones. El mundo se mueve, por tanto, hacia la proliferación en todas partes. ¿Es esto peligroso? Por supuesto. ¿Implicará esto necesariamente una catástrofe? Hay muy poca probabilidad. Incluso una probabilidad en mil, sin embargo, es demasiado. Pero dado que nada cambiará, no tenemos otra opción que confiar en que una probabilidad en mil no ocurra antes de que todos recapacitemos. El acuerdo tácito de facto de no utilizar la bomba le funcionó Estados Unidos y a la Unión Soviética. Le ha funcionado a India y Pakistán. ¿Por qué no podría seguir funcionando con más potencias nucleares en el juego, que ahora es no sólo un juego de buscar la ventaja geopolítica sino también prestigio y orgullo?

Estados Unidos, número uno (¿algo para celebrar?)

Estados Unidos, número uno (¿algo para celebrar?)

DAVID BROOKS| Al celebrar su cumpleaños el pasado 4 de julio, Estados Unidos es una superpotencia a la que le gusta proclamarse “número uno” en casi todo: desde la retórica oficial a la mitología popular cunde eso de que es el “mejor” país del planeta, el más libre, el más rico, el más avanzado, el más informado, en fin, como reiteró hace poco el presidente Barack Obama, “la nación indispensable en los asuntos mundiales”.Estados Unidos puede congratularse de ser number one en varios aspectos, pero también en otros que nadie desea celebrar, mucho menos mencionar durante las pasadas fiestas patrias.

Aún es la primera economía del planeta (en tamaño) y, según el indice de desarrollo humano de la Organización de Naciones Unidas, ocupa el tercer lugar (empatado con los Países Bajos) en desarrollo socioeconómico, sólo detrás de Noruega y Australia en el mundo. Para nutrir su mito de que cualquiera puede “hacerla” en este país de oportunidades, puede señalar que aún es el país con el mayor número de millonarios (3.1 millones de 11 millones en total en el mundo, según un informe anual realizado para Merrill Lynch. Otro cálculo es que había 5 millones 263 mil hogares millonarios en 2011 de los 12.6 millones de hogares millonarios a nivel mundial, según Boston Consulting Group).

También algunos pueden festejar que este país es campeón en muchos otros asuntos; por ejemplo es número uno en producción de queso (un cuarto de la producción mundial), en consumo de cacao y de petróleo, así como en número de reactores nucleares… y el exportador de semen humano más grande del mundo, según Harper’s.

También es “número uno” en cosas que sus publicistas prefieren no ostentar, por ejemplo: más de 2.2 millones de personas en cárceles; tiene más gente enjaulada que el total combinado de 36 naciones europeas. Uno de cada 104 adultos estadunidenses está encarcelado. Uno de cada cuatro reos en el mundo está en una prisión de EU (Pew Center on the States). Más de 7 millones –uno de cada 33 estadunidenses– están bajo supervisión judicial (presos, con libertad condicional, o en un proceso judicial).

Es el país con la población civil más armada del mundo; tiene la tasa más alta de armas de fuego en manos civiles, con uno de cada cinco estadunidenses como dueño de un arma. Hay casi 300 millones de armas de fuego en manos privadas en Estados Unidos, equivalente a casi un arma por habitante.

Es número uno en gasto militar: EU dedica más recursos a sus fuerzas armadas que cualquier otro país: en 2011 su gasto militar fue de 711 mil millones; el resto del mundo combinado gastó un billón 26 mil millones. De los 10 países con los mayores gastos militares del mundo, EU representa 41 por ciento, (cifras y análisis de SIPRI).

Está batallando para ocupar el primer lugar entre los países más avanzados en nivel de desigualdad económica; ya goza del nivel de desigualdad de ingreso más alto de los 34 países que integran la OCDE. Según cifras de la CIA, Estados Unidos ocupa el número 39 de los países con mayor desigualdad en ingreso familiar (el número uno, Namibia, es el más desigual, y Suecia en el número 136 el más igualitario). Según esto, la superpotencia es más desigual que Camerún, Rusia, Irán, Nigeria y Nicaragua, aunque México le gana en desigualdad, ocupando el lugar 27. El uno por ciento más rico controla casi 25 por ciento del ingreso nacional, el porcentaje más alto desde 1928, según el Centro sobre Pobreza y Desigualdad.

Tiene el porcentaje más alto de menores de edad en pobreza entre los países avanzados (21 por ciento de los niños).

Padece los costos de salud más altos entre los países más avanzados: representa 17.6 por ciento del PIB y gasta 8 mil 233 dólares per cápita, más de dos veces el promedio de países de la OCDE.

Hay otros rubros en los que Estados Unidos no ocupa el primer lugar, ni cerca. Por ejemplo: en corrupción en el sector público ocupa el lugar 24 en la lista de percepciones de corrupción compilada por Transparencia Internacional.

Ocupa el lugar 47 en libertad de prensa, según Reporteros sin Fronteras (le ganan países como Sudáfrica, Ghana, Hungría, España y El Salvador. México está en el 149 de 179 en total).

Ocupa el décimo lugar en analfabetismo, muy detrás de Cuba, que ocupa el segundo a nivel mundial, según el Programa de Desarrollo de la ONU.

EU, pese a ser el campeón mundial en promover la “libertad económica” como valor fundamental universal, sólo logra el décimo lugar en ese rubro, según el informe anual de la institución conservadora Fundación Heritage (Hong Kong es el número uno). Peor aún, a pesar de presentarse como campeón del libre comercio, ocupa el lugar 38 en ese rubro, según la misma institución.

Y en términos de derechos civiles, Estados Unidos ocupa el lugar 46 (el más bajo de cualquier país con democracia desarrollada), según el Índice de Democracia 2010 del Economist Intelligence Unit, empatado con Italia, Sudáfrica, Francia y Hungría (Uruguay, Suecia y Canadá, empataron en primer lugar).

EU ocupa el undécimo lugar en felicidad, según el Instituto Earth de la Universidad Columbia, un cálculo mucho más serio de lo que su nombre indica, tomando en cuenta diversos factores socioeconómicos (Dinamarca, Finlandia, Noruega y otros ocupan los primeros lugares). México está en el lugar 24; Togo aparece como el menos feliz.

Aunque los analistas dicen que en términos objetivos son menos “felices”, en una encuesta de Ipsos 28 por ciento de los estadunidenses dicen estar “muy felices”, en lo que ocupan el sexto lugar, (empatados con Australia; pero México gana: 43 por ciento de su gente reportó estar “muy feliz”. El país menos feliz según el sondeo es Hungría.

A veces ser “número uno” no es algo que hay que celebrar.

*Corresponsal de La Jornada de México en EEUU

Foro de Sao Paulo: balance desde Caracas

Foro de Sao Paulo: balance desde Caracas
Atilio Boron


El viernes por la noche concluyeron en Caracas las deliberaciones del Foro de Sao Paulo. No habría exageración si dijéramos que fue la reunión más concurrida y variada del foro desde su creación, en la ciudad de Sao Paulo, en 1990. Numerosos partidos y movimientos sociales de América Latina y el Caribe se dieron cita en esta ciudad, junto a un significativo contingente de organizaciones hermanas de Europa, África y Asia. El balance final del cónclave es, en un cierto sentido, positivo, aunque en algunos aspectos que veremos a continuación hay muchas cosas para mejorar. Positivo porque en el multitudinario evento se dieron cita una gran cantidad de partidos y movimientos que tuvieron la posibilidad de intercambiar opiniones, comparar experiencias y realizar un rico y necesario aprendizaje recíproco. Positivo también porque ante el conocido eclecticismo ideológico del foro -del cual participan partidos que sólo por un alarde de la imaginación podrían categorizarse como de izquierda- el discurso de cierre pronunciado por el Comandante Chávez fijó una nueva agenda que los partidos y organizaciones del FSP deberían considerar muy cuidadosamente en sus próximos encuentros. En primer lugar, preguntándose como lo hizo Chávez citando un pasaje de la obra de Marx, por el carácter y la naturaleza de la transición que habrá de sustituir al capitalismo por un nuevo tipo histórico de sociedad. Porque, más allá de la crítica necesaria al neoliberalismo y su todavía hoy pesada herencia, el problema es el capitalismo, lo que hay que vencer y subvertir es el capitalismo. O es que las luchas protagonizadas por nuestros pueblos, con sus tremendos sacrificios y sus miles de vidas ofrendadas para la construcción de una nueva sociedad, ¿sólo lo fueron para pasar del neoliberalismo al neokeynesianismo, o al desarrollismo, o al espejismo de un “capitalismo verde”? Con su sagaz interrogación Chávez señalaba una de las principales debilidades teóricas de la Declaración de Caracas aprobada por el FSP. Segundo, porque siguiendo con ese mismo razonamiento advertía que el socialismo no caerá del cielo como producto de un determinismo económico, como sugería Edouard Bernstein a finales del siglo diecinueve, sino por la intervención del plural y heterogéneo sujeto revolucionario. Claro está que para responder a las necesidades de la praxis ese sujeto debe concientizarse, educarse y organizarse. Y remataba su incisiva reflexión con una pregunta: ¿qué harán las fuerzas sociales que concurrieron a Caracas el día después, cuando vuelvan a sus países? ¿Cómo organizarán sus luchas, cuál es el plan de batalla, quiénes asumirán cuáles responsabilidades en la ejecución del mismo? Preguntas no sólo pertinentes sino acuciantes porque las burguesías, las oligarquías y el imperialismo no sólo tienen sus foros -el de Davos siendo el más importante- sino que también disponen de instancias que organizan sus fuerzas y planifican y coordinan sus batallas, mismas que se libran en el terreno mundial y no tan sólo en los espacios nacionales. Nuestros enemigos no sólo deliberan sino que actúan organizadamente; no se los podrá enfrentar con éxito sólo con bellas declaraciones. Esta, nos parece, es una de las fundamentales asignaturas pendientes no sólo del FSP sino también de su organización hermana, el Foro Social Mundial. Ante una burguesía imperial y sus aliados locales fuertemente organizados no podemos oponer tan sólo la abnegación militante y el grito que denuncia la inhumanidad del capitalismo, desentendiéndonos alegremente de la decisiva problemática de la organización.

La declaración aprobada en Caracas condena las tentativas golpistas en contra de Evo Morales, Mel Zelaya, Rafael Correa y la más reciente contra Fernando Lugo. Olvida señalar, lamentablemente, el golpe perpetrado contra Jean-Bertrand Aristide en Haití, en el año 2004. Falla grave porque no se puede disociar este olvido de la desafortunada presencia de tropas de varios países latinoamericanos –Brasil, Chile, Argentina, entre otros- en Haití cuando en realidad lo que hace falta en ese sufrido país son médicos, enfermeros, maestros. Pero de esto se encarga Cuba, cuyo generoso internacionalismo es una de las señas más honrosas de su revolución. Por otra parte hubiera sido conveniente que la declaración de un foro de las izquierdas hubiese exigido el cierre de las bases militares que en número de 46 -según el último recuento del MOPASSOL (Movimiento por la Paz, la Soberanía y la Solidaridad entre los Pueblos) - se extienden por toda América Latina y el Caribe. Aunque Washington no modifique un ápice su postura beligerante, una exigencia unánime respaldada por más de un centenar de partidos políticos –incluyendo varios de gobierno- hubiera contribuido a resaltar, ante los ojos de la opinión pública latinoamericana y estadounidense, las amenazas que encierra la presencia de esas bases en Nuestra América. Lo mismo cabe decir en relación a la afirmación que asegura que nuestra región es una zona desnuclearizada. Esto era cierto hasta antes de la firma del tratado Uribe-Obama; ahora no lo sabemos porque nadie, excepto la Casa Blanca, sabe que tipo de armamentos –nucleares o no- el Pentágono introdujo en Colombia una vez que en virtud de dicho tratado ésta renunció a su derecho a inspeccionar los cargamentos que entran y salen de su territorio. Por último, la declaración habla de “los limitados logros de los Tratados de Libre Comercio bilaterales”. Creemos que esta redacción es desafortunada, como lo comprueba la experiencia más madura en esta materia: el caso mexicano. Antes de la firma del TLC con Estados Unidos y Canadá México era autosuficiente en materia alimentaria; hoy, luego de 18 años de “libre comercio” debe importar el 42 por ciento de los insumos necesarios para su alimentación. Antes su factura por concepto de importación de comestibles era de 1.800 millones de dólares; en 2012 será de unos 24.000 millones de esa misma moneda. No luce demasiado como un “logro”.

Por último, no se entiende como las autoridades del FSP le negaron el derecho a la palabra -¡no sólo el ingreso de la Marcha Patriótica como una organización política afiliada al foro, pese a todos los avales presentados por partidos políticos dentro y fuera de Colombia- a la Senadora Piedad Córdoba, una de las principales figuras de la política latinoamericana y considerada en todo el mundo como una merecidísima candidata al Premio Nóbel de la Paz por sus denodados esfuerzos para facilitar la liberación de los rehenes en poder de la guerrilla y alcanzar una solución política al trágico conflicto colombiano. Aparte de informar sobre la dolorosa situación imperante en su país Córdoba tenía que denunciar la amenaza de muerte, lanzada por escrito, hace apenas dos días en contra de trece militantes de diversos organismos de derechos humanos. Argucias leguleyas, inadmisibles en una entidad que dice ser de izquierda, nos privaron de escuchar su testimonio, lo que no pasó inadvertido para el presidente Chávez. Y otro tanto se hizo con los hondureños de Libertad y Refundación (LIBRE), partido que representa mejor que ningún otro la resistencia al gobierno de Porfirio Lobo cuyo triste record en materia de asesinato de periodistas (24 desde que se produjera el golpe), más los numerosos crímenes y encarcelamientos de campesinos y militantes hubiera merecido de parte del FSP un gesto, aunque fuera elemental, de solidaridad, siendo que uno de sus líderes, Rafael Alegría, se encontraba entre nosotros. Habrá que luchar para que exclusiones como estas no vuelvan a repetirse en el futuro. Como puede inferirse de estas líneas hay que abandonar el triunfalismo que por momentos saturó las deliberaciones del foro y avanzar en la constitución de un espacio de discusión fraternal pero profunda, sin concesiones, y a salvo de cualquier clase de trabas burocráticas o formalistas que la asfixien. Discusión tanto más importante en la medida en que se supone que la misión del FSP es cambiar al mundo, y no sólo interpretarlo (o lamentarlo). Y cambiar el mundo en dirección del socialismo requiere de una claridad teórica, por aquello de que “no hay praxis revolucionaria sin teoría revolucionaria.” Y los tiempos que corren exigen a gritos una revolución. Conviene recordar, para los espíritus muy mesurados y moderados que circularon por el FSP, lo que decía Walter Benjamin: la revolución no es un tren fuera de control sino la aplicación de los frenos de emergencia. El tren descontrolado, que se encamina al abismo, es el capitalismo. Y si no lo frenamos a tiempo la humanidad entera sufrirá las irreparables consecuencias de ese desastre. No hay peor cosa que un conductor timorato y vacilante a la hora de aplicar los frenos de emergencia. En una hora que se requiere, como decía Dantón, “audacia, audacia y más audacia”, la moderación lejos de ser una virtud se convierte en un pecado mortal.

- Dr. Atilio Boron, director del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales (PLED), Buenos Aires, Argentina www.centrocultural.coop/pled http://www.atilioboron.com