viernes, 27 de julio de 2012

La integración sudamericana y los conflictos socio-ambientales

La integración sudamericana y los conflictos socio-ambientales

Marcelo Saguier

Los procesos de integración regional en Sudamérica han dado importantes pasos en la construcción de una comunidad política en base a valores y expectativas comunes. La defensa de la democracia, la resolución de conflictos mediante la diplomacia, el resguardo de la paz y la reivindicación conjunta de la soberanía argentina sobre las islas Malvinas ante los diferendos con el Reino Unido han sido algunos de campos en donde se logró alcanzar un inédito dinamismo y convergencia regional. Muchos de estos consensos acompañaron el surgimiento de nuevas formas institucionales como la UNASUR, ALBA y la Comunidad de Estados Latinoamericana y Caribeños (CELAC).

No obstante tales avances, existe otra dimensión del proceso regional en la que es menos evidente que consensos se expresan. Las dinámicas de la región, como espacio socio-político en construcción, actualmente está regida por los patrones de conflictos y cooperación entre gobiernos, empresas y actores sociales en torno a la utilización de los recursos naturales para fines de exportación y de insumos para la industria. Este es el caso de los recursos minerales y del agua de ríos para la generación de energía hidroeléctrica. A diferencia de las avances alcanzados en materia de construcción política regional en otros campos, el lugar que hoy ocupan los recursos naturales en la integración es más inquietante y potencialmente una fuente de tensiones.

Las políticas de utilización de tales recursos, y los conflictos socio-ambientales que se producen por las mismas, en su mayoría son de carácter nacional o sub-nacional. Sin embargo, al mismo tiempo se despliegan algunas iniciativas de carácter regional impulsadas por gobiernos o por actores sociales que regionalizan sus disputas como estrategias de acción frente a la orientación extractivista de algunos proyectos. Es decir que las dinámicas socio-políticas de construcción de un espacio político regional en Sudamérica van más allá de las distintas iniciativas intergubernamentales que se puedan emprender desde los estados. Los recursos naturales constituyen un eje de articulación tanto para iniciativas de cooperación interestatal como también para la movilización social transfronteriza.

La propuesta de este articulo es la de pensar las dinámicas de la construcción política regional desde ésta perspectiva, en la que las interacciones de cooperación y conflicto entre actores públicos, empresariales y sociales moldean el escenario regional, sus posibilidades y limitaciones.

La minería en zonas de frontera es una de las formas que se redefine el escenario social y político regional. El caso más paradigmático de ello es la frontera entre Argentina y Chile. Tradicionalmente, las fronteras internacionales eran zonas en donde no se permitía emprendimientos productivos (o extractivos) dado que constituían lugares sensibles a la defensa del territorio nacional. Los procesos de democratización e integración económica llevados a cabo en la región permitieron desactivar las hipótesis de conflicto que fundamentaron el imaginario geopolítico de gobiernos y sociedades nacionales durante gran parte del siglo veinte. Sin embargo, estos cambios estuvieron asimismo signados por la orientación neoliberal que marcó las políticas de integración durante la década del 90. Una de las características de ello fue el establecimiento de nuevas mecanismos institucionales para atraer y resguardar inversiones. La minería de frontera entre Argentina y Chile es producto de ello, y su expresión más acabada es el acuerdo binacional minero que fuera firmado en 1997 y ratificado en los parlamentos en el 2000.

El territorio comprendido por el acuerdo binacional cubre un área sobre la cordillera de los Andes de más de 200.000 kilómetros cuadrados, lo que equivale al 95% de la frontera internacional de ambos países. El acuerdo concede a las empresas la disponibilidad de minerales y agua para sus procesos de extracción, así como poder de control fronterizo. Pascua Lama es el proyecto binacional de megaminería que fue posible con este acuerdo. Las empresas que desarrollan el proyecto son: Barrick Exploraciones Argentina y Exploraciones Mineras Argentinas, en la Republica Argentina, y Compañía Minera Nevada en Chile. Otros proyectos mineros ya han sido aprobados, amparados en el tratado binacional, se encuentran actualmente en diferentes etapas de desarrollo. Entre ellos, está el proyecto El Pachón en la provincia de San Juan.

El acuerdo minero binacional consiste en un modelo de integración territorial y representa un hito internacional, considerando la extensión del área cubierta, los volúmenes de minerales e inversiones que potencialmente se verían implicados y la posible replicabilidad de este modelo en otras zonas de frontera con comparables condiciones geológicas. Evidentemente, la replicabilidad de este enfoque para la explotación conjunta de depósitos minerales en zonas de jurisdicción nacional compartida está expuesta también a los vaivenes de las presiones sociales frente al extractivismo y al creciente grado de concientización sobre la necesidad de fundar nuevos paradigmas del desarrollo con criterios de sostenibilidad.

La tendencia de minería de frontera se confirma asimismo en otros países latinoamericanos sin que exista necesariamente ningún acuerdo entre los países. Este es caso de los proyectos de exploración minera que actualmente tienen lugar en la frontera de Costa Rica y Nicaragua, de El Salvador y Guatemala y de Perú y Ecuador en la llamada Cordillera del Cóndor – región que en 1995 fue epicentro de un conflicto bélico entre ambos países. En este ultimo caso, desde la resolución del conflicto bélico han habido grandes inversiones mineras atraídas por la riqueza de de yacimientos de oro de este lugar. Incluso sin un acuerdo minero entre ambos países, entre 2005 y 2010 se han triplicado el número de concesiones de exploración a empresas interesadas, en su mayoría del lado peruano de la frontera. Las empresas transnacionales mineras sin duda constituyen actores de creciente influencia en la redefinición del espacio regional y es de suponer que asimismo constituyen factores de influencia en los gobiernos para promover acuerdos mineros internacionales (los gobiernos de Alan García en Perú y Correa en Ecuador habían comenzado a explorar esta posibilidad).

La minería en zonas de frontera contribuye a regionalizar conflictos que se suscitan desde hace años en toda América Latina. Son conocidas las expresiones de resistencia a proyectos mineros llevados a por comunidades rurales en distintas provincias argentinas como Chubut, San Juan, Catamarca, La Rioja y Tucumán. Sin embargo, éstos no son casos aislados sino que se enmarcan en una tendencia generalizada de creciente conflictividad en zonas de exploración minera. Evidencia de ello es que actualmente existen 155 conflictos relacionados a esta actividad en todo Latinoamérica y el Caribe, en las que se ven implicadas 205 comunidades en relación a 168 proyectos mineros. Asimismo, según un informe a cargo del ex Representante Especial del Secretario General de las Naciones Unidas, John Ruggie, las industrias extractivas representan el 28 % de los casos de los casos de violaciones a los Derechos Humanos con complicidad de las empresas. Esta tendencia global se profundiza en América Latina. Un elemento común a tales conflictos es la ausencia de debate público sobre los cuáles son los beneficios y costos de estos proyectos – definidos en términos económicos, sociales y ambientales – así de cómo arbitrar equitativamente los derechos y responsabilidades de los principales beneficiarios y damnificados de los mismos. Las comunidades tampoco son consultadas previamente, según lo establece el Convenio 169 de la OIT, sin bien algunos cambios en esta dirección comienzan a promoverse en Bolivia, Perú y Ecuador.

Las resistencias sociales a la minería a cielo abierto, y especialmente en zonas de frontera, se traducen crecientemente en la búsqueda de estrategias de incidencia mediante la movilización transnacional. Ejemplo de ello es la realización de tribunales de opinión, en donde comunidades afectadas por la minería pueden denunciar simbólicamente los estragos de la minería en el ambiente y su impacto sobre los derechos de las poblaciones. Se realizó el primer “Tribunal Ético de Minería de Frontera” organizado por el Observatorio de Conflictos Minero de América Latina en Chile en el 2010. También el “Tribunal Permanente de los Pueblos sobre Empresas Transnacionales” sesionó en Austria 2006, Perú/Colombia 2008 y España 2010 para denunciar la complicidad de empresas transnacionales en casos de violación de derechos humanos en Latinoamérica. Muchos de los casos denunciados están relacionados con la minería, además de la explotación de hidrocarburos, agronegocios, etc. Asimismo, se han creado redes de acción global para el intercambio de información y coordinación de campañas conjuntas. Estas son algunas de las formas que adquiere el activismo transnacional en respuesta a la minería y demás instancias de violaciones de derechos humanos en los que estados y empresas se ven acusados. En este sentido, la minería de frontera actúa como catalizador tanto de nuevos relacionamientos entre empresas y gobiernos, así como también de nuevas formas de resistencias sociales que intervienen en la redefinición del debate regional sobre los vínculos entre desarrollo sustentable y derechos humanos.

Además de la minería de frontera, las dinámicas de la integración regional en Sudamérica están regidas también por una serie de proyectos de infraestructura para la generación y transporte de energía hidroeléctrica. La abundancia de agua en la cuenca del Amazonas hace de esta zona el epicentro de una serie de redes interconectadas de represas y líneas de transmisión que se proyecta vincularán lugares de producción y consumo. La creciente demanda de energía esta dada por el crecimiento económico en las economías de los países sudamericanos, y especialmente del sector industrial brasileño y minero (esta actividad es gran demandante de agua para sus procesos de extracción del mineral). Estos cambios están dando lugar a nuevos patrones de la cooperación regional internacional en el que las empresas brasileñas juegan un papel clave como las concesionarias principales de los proyectos de infraestructura de energía hidroeléctrica.

La Iniciativa para la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA), establece la financiación para estos proyectos. IIRSA es un mecanismo institucional creado en 2000 para la coordinación de las organizaciones intergubernamentales acciones con el objetivo de "promover el proceso de integración política, social y económica de América del Sur, incluyendo la modernización de la infraestructura regional y acciones específicas para estimular la integración y el desarrollo de las regiones aisladas de los subsistemas. IIRSA cuenta una cartera 524 proyectos de infraestructura en las áreas de transporte, energía y las comunicaciones, que se agrupan en 47 grupos de proyectos que representan una inversión estimada de dólares EE.UU. 96,119.2 millones de dólares. El Banco Nacional de Desarrollo de Brasil (BNDES) es también un actor regional clave en la movilización de recursos para los proyectos patrocinados por la IIRSA, tanto en territorio brasileño como también en países vecinos.

El Complejo Hidroeléctrico rio Madeira es uno de los proyectos más emblemáticos y la principal iniciativa hidroeléctrica del IIRSA. Una vez terminado, contará con cuatro represas interconectadas y será el de mayor tamaño de la cuenca del Amazonas. El BNDES provee parte del financiamiento para su construcción. Dos de las represas estarán emplazadas en Brasil mientras que una de ellas estará en territorio boliviano y la última en un río que demarca la frontera internacional entre Bolivia y Brasil.

Además, Brasil y Perú procuran la construcción de un mega-complejo hidroeléctrico en la Amazonía peruana financiado por Brasil. El objetivo de esta iniciativa es para generar electricidad en Perú para ser transportada sobre a Brasil para satisfacer su creciente demanda de energía. Para ello, ambos gobiernos negociaron un Acuerdo Energético que establece que Perú se compromete a exportar el 70% de la energía que produzcan sus centrales hidroeléctricas a Brasil durante un plazo de 50 años. Su construcción tendrá un costo de 4.000 millones de dólares e incluye también una línea de 357 kilómetros para tener la electricidad a la frontera brasileña. Una vez terminada la construcción del complejo, este será el mayor proyecto de energía hidroeléctrica en Perú y el quinto más grande en América Latina. Este proyecto y acuerdo energético ha sido objeto de grande críticas en Perú. El acuerdo fue firmado por los gobiernos de Alan García y de Ignácio Lula da Silva en 2010, pero actualmente está pendiente la ratificación del congreso peruano. 

El acuerdo y proyecto ha sido objeto de serios cuestionamientos por los impactos ambientales y sociales de estas obras. En octubre de 2011 la principal concesionaria de este proyecto, la brasileña Odebrecht, decidió retirarse de la construcción de dos des las represas proyectadas como consecuencia de la oposición que este mega-proyecto genera en las poblaciones locales, sobre todo de pueblos originarios. El interés del gobierno brasileño por asegurar un acuerdo que le permita proveerse de energía a costos rentables se mantiene. Seguramente veremos nuevos intentos por reflotar el debate sobre este acuerdo, tal vez tomando en consideración las más recientes resistencias sociales que se han manifestado en repudio al mismo. Evidencia de ello es el proceso de revisión que emprenden los ocho países amazónicos de los mecanismos nacionales de consulta a grupos étnicos en el marco del Tratado de Cooperación Amazónica.

En la medida que avanzan las iniciativas de integración sudamericana se pone en evidencia la ausencia de consensos sobre ciertas áreas sensibles como es el caso de los recursos naturales. Muchos cuestionamientos comienzan a aflorar en el debate regional, como las tensiones entre visiones productivistas del desarrollo y de ecología política en las que se propician formas de desarrollo sustentable, vinculadas a los derechos humanos, la armonía ambiental y formas de producción y consumo más inclusivas. Asimismo, se manifiesta la necesidad de nuevos mecanismos de toma de decisión en materia de recursos naturales, no sólo a nivel nacional sino especialmente en lo relacionado a proyectos regionales que involucran acuerdos entre estados e instrumentos de financiamiento regionales. Es fundamental abordar en profundidad las nuevas asimetrías que genera este tipo de integración, no solo entre economías de mayor y menor tamaño, perfiles productivos especializados como industriales y proveerdores de materias primas, sino también en la necesidad de formular marcos regionales regulatorios y de políticas específicamente sobre recursos naturales (coordinación fiscales, normas de protección ambiental, derecho a de consulta a las poblaciones, eficiencia energética, entre otras).

En un contexto de creación de una comunidad política sudamericana, los conflictos y desafíos del desarrollo sustentable se vuelven invariablemente preocupaciones de todo el bloque regional. Mientras antes podamos avanzar sobre nuevos consensos en materia de recursos naturales, mejor estaremos preparados para avanzar en la profundización de nuevas bases de soberanía. 

Nota: Las ideas que aquí se exponen están desarrolladas en un artículo recientemente publicado como: Saguier, Marcelo (2012) ‘Socio-environmental regionalism in South America: tensions in the new development models’, The Rise of Post-Hegemonic Regionalism: The Case of Latin America, Pia Riggirozzi and Diana Tussie, eds., Series United Nations University Series on Regionalism, Springer.

 Dr. Marcelo Saguier es profesor de estudios internacionales e investigador CONICET/FLACSO

Continuar construyendo el socialismo bolivariano del siglo XXI

Continuar construyendo el socialismo bolivariano del siglo XXI

JESSE CHACÓN


En la propuesta Para la gestión Bolivariana socialista 2013-2019, el presidente Hugo Chávez ha colocado como primer objetivo histórico la independencia nacional, pero a renglón seguido, en el objetivo histórico número dos, retoma el proyecto y apuesta socialista para Venezuela como el eje estructurante del ciclo de transición que vive la nación en su conjunto.

Al respecto planteó:

“Continuar construyendo el socialismo bolivariano del siglo XXI, en Venezuela, como alternativa al sistema destructivo y salvaje del capitalismo y con ello asegurar la “mayor suma de seguridad social, mayor suma de estabilidad política y la mayor suma de felicidad” para nuestro pueblo”.



 


Este propósito, viene a ratificar la búsqueda de un modelo de sociedad alternativo al capitalismo, esto queda suficientemente claro cuando describe el trazo que ha seguido la revolución Bolivariana:

“En el año 2004, la Revolución Bolivariana proclamó su carácter antimperialista y en el 2006 se definió como socialista. La prédica de la Revolución ha sido continua: no queremos permanecer en el ámbito del capitalismo, es indispensable que en Venezuela encarne el socialismo como el ancho y abierto camino hacia la suprema felicidad social”.

La apuesta socialista hace parte de una coherente visión y práctica política que entiende el impacto catastrófico del capitalismo para la pervivencia de la humanidad, el socialismo bolivariano ha sabido desenmascarar los diversos rostros del capitalismo, el cual se nos presenta unas veces como modelo liberal de capitalismo y otras como capitalismo con rostro humano, terceras vías o socialdemocracia.


Pero en la mirada Bolivariana, el socialismo no es entendido como la sociedad utópica a alcanzar, como ese cielo que nos espera, donde no habrán conflictos, ni sufrimientos, por el contrario el socialismo es entendido como lucha, como práctica social desde donde se configuran día a día, nuevas relaciones de vínculo, solidaridad y cooperación. El socialismo no está puesto en el futuro, el socialismo es ya, está presente en cada experiencia de desestructuración del capitalismo.

La tarea de construcción de la igualdad social y superación de la exclusión, realizada en los últimos 12 años en Venezuela, hace parte de la gesta del socialismo, no hay un valor más propio del socialismo que la igualdad. El abatimiento de las cifras de analfabetismo, elevación de la matricula escolar y universitaria, de incremento del acceso a los servicios de salud, dan cuenta de ello.

Las tareas de la igualdad y la inclusión sin embargo, han requerido de una fuerza social que las realice, porque no hay socialismo sin acumulación de poder, esta tarea histórica requería y requiere de fuerzas populares constituidas en sujeto, sujeto que emergió en el período de final del siglo XX, en la movilización los levantamientos del caracazo en 1989, las insubordinaciones cívico militares de 1992, la insurgencia electoral de 1998 que lleva a Hugo Chávez a la presidencia y en la insurrección de retoma y preservación del poder en febrero y diciembre de 2002.

Pero el socialismo no se agota en la realización de la igualdad, por el contrario es necesario construir nuevas relaciones productivas capaces de activar formas de economía que le den sostenibilidad a la expansión de los derechos sociales, en el contexto venezolano, este reto ha significado la identificación del rentismo petrolero como un problema a superar, pues el socialismo es la sociedad del trabajo, no la sociedad de la renta.




En este ámbito, el socialismo bolivariano ha tenido uno de sus retos más complejos y polivalentes, pues la productividad, si bien requiere otro modelo diferente al del crecimiento depredador y la productividad burguesa de disminución de salarios y extensión del tiempo de trabajo para aumentar los márgenes financieros de ganancia, es un problema de producción social de la riqueza, no solo de distribución o redistribución, la producción social exige, como la igualdad, un sujeto histórico que la encarne, que le de viabilidad concreta.

Muchas revoluciones han intentado encontrar en la burguesía nacional, este sujeto capaz de apalancar este propósito, dado el poco nivel de desarrollo tecnológico y de los trabajadores en los ámbitos ideológicos y científicos, esto limita el avance socialista en la eliminación de las relaciones de explotación, pero permite la construcción de fases de desarrollo nacional previas al desarrollo de otras formas de propiedad social indirecta o directa.

Sin embargo en el contexto venezolano, el supuesto de una burguesía productiva y nacional no se dio, ni se dará, por el contrario la burguesía ha mostrado mezquina y desnacionalizada. Desde años atrás, los capitalistas habían abandonado cualquier esfuerzo productivo, cualquier vocación de emprendimiento, todo su esfuerzo lo concentraron en la captura de la renta petrolera, la cual no surge del trabajo humano, o el emprendimiento burgués, surge de manera súbita de las condiciones de los mercados internacionales.

La burguesía Venezolana dejó el esfuerzo de invertir desde la década del 70, este esfuerzo de manera tendencial se lo fue dejando al estado, para 1950 la inversión pública era del 31.9 % y la privada del 68.1%, para 1960 esta condición se mantiene, siendo de 27.9% la inversión pública y de 72.1% la privada, esta relación varía para 1980, cuando la inversión pública asciende a 48.6% y la privada decrece, situándose en 51.4%, para 1990 la privada fue de 31.6% y la pública de 68.4%, en el 2000, ya en el inicio del ciclo Bolivariano, si bien la inversión privada se ubica en 46.4%, la pública seguía siendo superior con un 53.6%.

Los Capitalistas Venezolanos optaron por el modelo rentístico, pues todas sus industrias se reducían a empresas que buscaban contratar con la industria petrolera, esto se daba siempre a través de mafias y otorgamientos de contratos por medio de su influencia clientelista en el aparato estatal, ellos usufructuaron la riqueza petrolera mientras en el pueblo crecía la pobreza.

Aun en el 2004, el presidente buscaba afanosamente la existencia de una burguesía nacional capaz de activar el desarrollo productivo independiente:

“ Nosotros, independientemente incluso de que estamos en funciones de gobierno, desde hace tiempo defendemos la tesis de la necesidad de potenciar el sector privado nacional, de impulsar un modelo de acumulación de capital nacional, de potenciar la fuerza productiva nacional y allí está nuestro proyecto, está sentado sobre esa idea, un modelo endógeno de desarrollo, un modelo desde dentro, un modelo que se afinque sobre las raíces, sobre el inmenso potencial que tienen nuestros países para crear un modelo de desarrollo integral que genere, a través de una distribución equitativa del ingreso y de la riqueza, una situación de igualdad, de estabilidad y de desarrollo humano integral.” (El presidente habla con los empresarios. Julio de 2004. Ministerio de Producción y Comercio)

Ya para el 2006 era claro que la burguesía parasitaria no se configuraría como un sujeto histórico fundamental capaz de desestructurar el rentismo, por el contrario los rasgos rentísticos continuaban y se profundizaban en un contexto de recuperación de la renta petrolera, la respuesta burguesa a un modelo de desarrollo nacional fue el golpismo, el robo de créditos de fomento económico, la mayoría financiados por la banca de desarrollo sin una garantía de recobro, el rentismo se consolidaba.

En este contexto llega la campaña presidencial del 2006 y el presidente Hugo Chávez presenta a la sociedad Venezolana el horizonte socialista, el cual no puede tener otro sujeto protagónico que no sean los trabajadores, es aquí donde están el reto que hoy es refundado hacia los próximos 7 años, continuar profundizando la activación productiva y la transformación de la fuerza laboral del sector servicios y comercio, hacia una fuerza laboral manufacturera capaz de asumir la ruptura económica y política del rentismo a la par que teje nuevas formas de gestión y relaciones sociales solidarias y de cooperación.

El programa para la sociedad venezolana en estos próximos años tiene como eje estructurante, continuar construyendo el socialismo, desestructura el capitalismo en sus múltiples lógicas y formas de reproducción, tanto económicas, políticas como culturales, hoy el socialismo venezolano instaura una nueva perspectiva, si el capitalismo es un sistema de dominación múltiple, así mismo, el socialismo es un sistema cotidiano de emancipación múltiple.

El próximo 07 de Octubre los venezolanos escogeremos entre el viejo modelo del capitalismo neoliberal de la exclusión de grandes sectores sociales que hoy deja en el abandono a millones de europeos o la construcción de un nuevo modelo incluyente en construcción que pretende reivindicar el trabajo y que ha logrado grandes realizaciones sociales, llamado socialismo del Siglo XXI.

Jesse Chacón es Director de GISXXI
Fuente: www.gisxxi.org

Solidaridad internacional con Chavez frente al nuevo Plan Cóndor de Capriles

Solidaridad internacional con Chavez frente al nuevo Plan Cóndor de Capriles

JUAN CARLOS MONEDERO

|Frente al éxito del neoliberalismo, un régimen de barbarie posible solo por la fragmentación de los pueblos, una nueva ola de solidaridad mundial sostenida en los valores del socialismo, la democracia y la soberanía, escribe una nueva gramática que permite leer con esperanza el futuro.
Las recetas neoliberales (privatización del sector público, apertura de fronteras a las empresas transnacionales y desregulación del trabajo y las finanzas) postraron a África, América latina y Asia durante más de dos décadas. Pero un aliento bolivariano llenó de aire fresco la habitación cerrada del continente. La victoria del presidente Chávez en 1998 marcó el comienzo de una nueva etapa que tuvo que luchar contra siglos de dominación, que tuvo que enfrentar un entramado internacional construido a favor de la minorías privilegiadas y que necesitó conjurar una “santa alianza” de los países del norte, armados con ejércitos y medios de comunicación, para evitar que nada cambiara al precio que fuera. Pero, con todo en contra, resultó victoriosa. Cuando se derrota al dragón, la leyenda comienza. Y a ese dragón, además, lo derrotó el pueblo.

Cerradas las puertas del sur al saqueo de América latina, con la naturaleza gritando su deterioro y con las mentiras del capitalismo financiero desveladas, el norte ha empezado a sufrir su propia medicina. El Fondo Monetario Internacional dicta planes de ajuste a Madrid, Atenas o Roma, a New Orleans, Ottawa y Harlem, y los pueblos se giran a mirar al proceso bolivariano entendiendo que ahí está en vigor una solución que camina en dirección contraria a la barbarie capitalista. Las mentiras de los medios internacionales sobre el proceso bolivariano hacen aguas y en las calles la gente empieza a preguntarse: ¿qué está pasando en Venezuela que anda ese pueblo mucho más contento?

Por eso, el día 24 se celebró una jornada internacional de apoyo al proceso bolivariano, impulsada desde el Foro de Sao Paulo, que convocó a más de 100 ciudades a gritar con alegría su compromiso con el Presidente Chávez y la revolución bolivariana. Un gesto de solidaridad que se une a esa reinvención de la solidaridad internacional que significaron las manifestaciones mundiales contra la guerra de Irak, la protesta internacional de los indignados contra el neoliberalismo, que une a los pueblos que luchan por la libertad sea en la plaza Tahrir de Egipto, en contra de la intervención de la OTAN en el norte de África, por la soberanía en Palestina o el Sahara, contra los golpes en Honduras o Paraguay, contra el intervencionismo imperialista en Haití, en Puerto Rico, y también en Bolivia, en Ecuador, en Venezuela, sin olvidar el bloqueo a Cuba o el abuso norteamericano en el FMI, en el Banco Mundial o en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

La solidaridad de los pueblos del mundo contrasta dramáticamente con los apoyos internacionales a Capriles Radonski, entregado a una nueva Santa Alianza que busca restaurar los privilegios de las nuevas monarquías absolutas del dinero, las finanzas, el egoísmo y el lucro. El apoyo de los pueblos del mundo frente al abrazo de Capriles a Uribe, Presidente responsable de convertir a Colombia en un narco estado; el apoyo del presidente Evo Morales o Rafael Correa al comandante Chávez frente al abrazo de Capriles a Mariano Rajoy y José Maria Aznar, responsables del hundimiento actual de España, el apoyo de los indignados del mundo a Presidente Chávez frente al abrazo de Capriles a los candidatos de la derecha norteamericana que ya han anunciado sus intenciones de intervenir en suelo venezolano y tumbar el proceso bolivariano.

El capitalismo en crisis siempre ha resultado en guerras y autoritarismo. Pasó en la crisis de 1929 (con el doloroso recuerdo de la guerra civil española), pasó en la crisis de 1973 (con el doloroso recuerdo del golpe contra Salvador Allende y el socialismo humano del Frente Popular) y sigue siendo una baza para los enemigos de la justicia. Por eso el proceso bolivariano y el presidente Chavez han sufrido todos los golpes y todos los ataques de los poderosos del mundo. Ahora, también la solidaridad. Los pueblos del mundo saben que la democracia mundial se defiende ahora mismo en Venezuela. En un lado, la emancipación, la unidad latinoamericana, el respeto a la Pachamama, la apuesta por los humildes, la firmeza contra los poderosos.

En el otro, la venta de las riquezas nacionales, el uso de la fuerza contra los pueblos, las alianzas internacionales para golpear a los pobres y perseguir a los defensores de la democracia, la subordinación a las potencias imperiales. En un lado, el Presidente Chavez y su pueblo. En otro, Capriles Radonski y el nuevo plan Cóndor. En el fondo, tampoco es tan extraño que la solidaridad internacional sea tan evidente a favor del Presidente Chávez. Una solidaridad propia de los pueblos que han recuperado su memoria.

Red de inteligencia social

LA COMUNA AL TANTO INTERNACIONAL

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JOSE CARMONA:  UNIDO AL MOVIMIENTO GUERRILLERO COMUNICACIONAL

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