domingo, 30 de septiembre de 2012

Chávez: El pueblo zuliano sabe que la Revolución lo ha beneficiado

Venezuela: ganar no basta

Venezuela: ganar no basta
Por Angel Guerra Cabrera

Cuando Hugo Chávez ganó las elecciones presidenciales de 1998 en Venezuela la perspectiva de América Latina y el Caribe parecía ser la recolonización total por Washington mediante el Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (Alca). El neoliberalismo se imponía en la mayor parte del mundo y en nuestra región sólo Cuba resistía contra el imperio a un costo humano verdaderamente inexplicable si no se conoce a fondo su épica historia de lucha por la independencia y la justicia social.

Esta situación comenzaría a cambiar con la dinámica acción de Chávez, que a través de un gran proceso democrático impulsó la aprobación abrumadora de la primera Constitución antineoliberal de América continental (1999). Su texto sentaba las bases para el pleno ejercicio de la soberanía popular y nacional con la democracia participativa, así como para encaminar trasformaciones sociales de hondo calado que podían conducir al socialismo. Acto seguido, con apoyo de la mayoría parlamentaria, el líder venezolano dictó 49 leyes que abrían el camino al control por el Estado de los hidrocarburos en beneficio directo de la sociedad así como a las reformas agraria y pesquera. La nueva Carta Magna establecía el derecho ciudadano a revocar el mandato de los funcionarios electos, algo insólito en las democracias representativas.

Las posiciones sustentadas por Chávez a favor de la verdadera independencia, la unidad e integración de América Latina, y las duras pruebas que resistió su apoyo popular, acrecido y fortalecido con la épica victoria sobre la contrarrevolución en el referendo revocatorio de 2004 fueron elevándolo a la categoría de líder continental. Para entonces era ya el único presidente latinoamericano que, gracias principalmente a ese respaldo, había sido capaz de vencer un golpe de Estado y otras acciones de fuerza orquestadas por la oligarquía nativa con el aliento y apoyo de Estados Unidos. Pero la adhesión popular siguió creciendo con las misiones sociales que, rompiendo con la burocracia heredada del Estado oligárquico, hicieron llegar educación, salud, empleo y canales de participación política a los marginados de siempre.

Mientras, movimientos populares muy diversos pero identificados por su oposición al neoliberalismo habían llevado al gobierno a Lula da Silva en Brasil, Néstor Kirchner en Argentina y a Tabaré Vázquez en Uruguay. De modo que en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata (2005), se pudo lograr la contundente derrota del Alca mediante la acción concertada de un incontenible Chávez, principalmente con los dos primeros, unida a la potente movilización popular en las calles con la presencia de líderes como Evo Morales, todavía por llegar a la presidencia, y Joao Pedro Stedile. La derrota del Alca marcó un punto de giro decisivo en la historia latinoamericana. Si al revés de lo ocurrido se hubiese aprobado, ya Washington se habría tragado a América Latina y el Caribe con la extensión hacia el sur de los tratados de libre comercio, equivalentes a la anexión. No se habría podido consolidar el polo de unidad, integración solidaria y paz del Caribe a América del Sur articulado en torno a Venezuela. No habría Petrocaribe, ni Alba, ni Unasur, ni Celac.

Venezuela ha avanzado sostenidamente en el bienestar social y en la creación de un consenso nacional anticapitalista y en gran medida favorable al socialismo. Este consenso se basa en la prédica incesante de Chávez, contrastable con una realidad de verdaderas posibilidades de participación política y ascenso social al contrario de la creciente pobreza y despojo de derechos ciudadanos existente hoy en Estados Unidos, Europa y sus vasallos. Se basa también en la intensa batalla política que hizo decir recientemente a Fidel Castro: Pocas veces, tal vez nunca, se ha podido reflejar, tan nítidamente, una lucha de ideas entre el capitalismo y el socialismo como la que se expresa hoy en Venezuela.

Si América Latina es en la actualidad la región más avanzada del mundo en la lucha por una alternativa a la barbarie capitalista, Venezuela es su puntal más importante. De allí el alcance mundial de los resultados de la elección del 7 de octubre venidero. Es fundamental que este hecho sea comprendido por las fuerzas populares dentro y fuera de Venezuela. Washington sí que lo comprende y por eso conspira contra Chávez a tiempo completo. No basta con ganar, sino ganar por nocaut, de modo aplastante, la presidencia y todos los cargos.

Chávez asegura que fracasarán los planes desestabilizadores de la oposición

Chávez asegura que fracasarán los planes desestabilizadores de la oposición


Hugo Chávez visita este sábado La Costa Oriental del Lago, en el estado Zulia, noroccidente de Venezuela. (Foto: teleSUR)

Hugo Chávez llegó este domingo a la Costa Oriental del Lago, estado Zulia (noroccidente), para participar en un acto de campaña cuando faltan 7 días para las elecciones presidenciales en Venezuela.

A su llegada a la Costa Oriental del Lago, estado Zulia (noroccidente) Hugo Chávez cuestionó los planes desestabilizadroes de algunos sectores de la oposición y garantizó el respeto a la voluntad popular que se expresará el próximio domingo en las urnas electorales.

“Todos los planes de la oposición de la extrema derecha van a fracasar, los vamos a derrotar (...) si se les ocurriera intentar desestabilizar el país les hariamos que se arrepientan, estamos listos para enfrentarlos para neutralizarlos y para garantizar que se respete la decisión del pueblo el proximo 07 de octubre que será la gran victoria bolivariana”, aseguró Chávez.

Perspectivas, una semana antes

Perspectivas, una semana antes

MARCOS SALGADO 
 Falta una semana para las elecciones que concentran la atención del mundo. Restan apenas cuatro o cinco días para el cierre de las campañas electorales y da la sensación que -aunque los candidatos lógicamente echen el resto- está todo dicho. Nada de lo que pueda suceder en términos de estrategias electorales va a modificar las cosas. 


Marcos Salgado – Question Digital 

Resta el cierre de campaña de Capriles en la avenida Bolívar el domingo, que sin duda será masivo. Resta el cierre de campaña del presidente Chávez -se calcula que será en el mismo escenario, el miércoles- que será (a no dudarlo) una movilización multitudinaria, tal vez al estilo de la que se vivió previo a la victoria del 2006, la que colmó la avenida Bolívar y también varias avenidas adyacentes.

Capriles encabezó una campaña accidentada, donde no quiso primero y no pudo después mostrarse como el candidato “de la unidad”. Los partidos, grupos y grupúsculos que lo acompañaron no figuraron nunca ni cerca del candidato, que prefirió los pequeños actos pueblo por pueblo (algunos mínimos, otros más numerosos) como forma de mostrarse desplegado pero sin tener que confrontar con la capacidad de movilización del presidente.

El candidato de la derecha no logró estructurar un discurso claro, con propuestas concretas. La estrategia del oficialismo de denunciar el carácter neoliberal de su programa fue efectiva y el video de uno Juan Carlos Caldera, uno de sus colaboradores cercano recibiendo fuertes sumas de dinero fue un misil en la línea de flotación.

Aún así, magullado, Capriles se mantiene a flote y el cierre en la avenida Bolívar le dará algo de aire. ¿Por qué después de una campaña tan accidentada el derechista llega más o menos de pie al 7-O?

Por un lado, logró mantener sin sobresaltos mayores su envase, el packaging electoral del flaquito más o menos jovencito que recorre el país porque “hay un camino”. Los que compren esa imagen -y los hay, y muchos- rellenan sin darse cuenta con sus propias expectativas y esperanzas el “camino” en cuestión. Compran el mensaje de una publicidad de algo que no necesitan (que para eso está la publicidad) y creen que con eso que compran estarán mejor.

Pero el mérito mayor no es de Capriles, ni de sus asesores, ni de los medios de comunicación que le apuntalaron y difundieron el packaging. Porque la inmensa mayoría de los votos que coseche Capriles no son de él, que se entienda. Son los votos del odio visceral, el miedo inducido, el raciocinio intoxicado por campañas mediáticas permanentes que los medios del proceso no logran conjurar.

Son votos de clase, y votos de los que se creen o quieren ser “clase alta” y por eso jamás votarían a un presidente con cara, color y acento de pueblo que ya ha dado extensas y claras muestras de que es pueblo y ahí se queda.

De los millones que votarán a Capriles el 7-O solo una pequeña, muy pequeña porción se beneficiaría si Venezuela sale de Chávez. Por el contrario, la mayoría de los votantes de Capriles jugarán una extraña ruleta rusa cuando enciendan los leds rojos al lado de la foto del “flaquito” en el tarjetón electoral.

Pero en la otra acera las mayorías votarán en defensa propia. Y mantendrán en Miraflores al presidente que no solo no empeoró sino que mejoró las cosas en 14 años. El presidente que le cambió la cara a Venezuela. Y la vitalidad del proceso -aún con todas sus contradicciones y debes- está en la calle. “Caracas parece una ciudad en construcción”, me decía un colega llegado en estos días para cubrir las elecciones para un medio extranjero, mientras recorríamos la avenida Libertador con edificios de la misión Vivienda Venezuela aquí, allá y más allá. Caracas está en construcción, Venezuela está en construcción. Vaya que sí.

El colega realizó apenas aterrizado un ejercicio de perspectiva que deberían hacer, en estos días, todos los electores. Es lo que propone el presidente Chávez en cada discurso masivo en cada estado del país, cuando enumera lo echo y explica lo que falta. Es lo que responden los miles y miles que se acomodan en las aceras para ver pasar en caravana a su comandante, cuando los cronistas aciertan en preguntar, lisa y llanamente, “¿por qué?”. “¿Por qué está aquí?”, “¿por qué apoya a Chávez?”. En esos casos el pueblo responde, casi siempre, enumerando. Enumerando los logros de la Revolución Bolivariana que le cambiaron la vida.

En la prensa privada los perdedores siempre ganan

En la prensa privada los perdedores siempre ganan

NATHALI GÓMEZ 

 En las tres campañas presidenciales que se han realizado en Venezuela desde 1998, los medios de comunicación privados han establecido una particular proporcionalidad: a medida que crece la brecha a favor del candidato Hugo Chávez y su triunfo se hace irreversible, se incrementa la difusión de informaciones que minimizan su ventaja y que proclaman abiertamente el triunfo del candidato oponente.

Nathali Gómez – AVN

A pesar de que antes de las elecciones de 2006, casi 90% de las encuestas daban como ganador a Chávez, los medios privados preferían ocultar esas cifras y proclamar la victoria del candidato de Un Nuevo Tiempo (UNT) conforme se acercaba la fecha de los comicios.

“El hombre que echó el vainón: Dícese de Manuel Rosales: el personaje que en este momento estelar de la política sorprendió (…) y en tres meses le dio un giro inesperado a la campaña”, escribía Ibsen Martínez en el diario Tal Cual, el 30 de noviembre de 2006.

Para el columnista de El Universal, Roberto Giusti, el asunto no se medía a través de encuestas sino en la calle: “¿Lo logrará? ¿Lo está logrando? A juzgar por las impresionantes manifestaciones de apoyo popular, pareciera que sí (…) es el primer líder de la oposición que en este siglo visita los barrios)”, escribía el 24 de noviembre.

El Universal presentaba una escueta nota con el acto de cierre de campaña de Chávez, mientras que al referirse al de Rosales titulaba en primera página con: “La Avalancha”. La nota, además de una gran foto, abría con la afirmación: “Cuando llegue a Miraflores voy a resarcir todas las mentiras del otro candidato” y cerraba con: “Después del 3 de diciembre vamos a unirnos en un país tricolor”.

Se acercaban las elecciones del 3 de diciembre y los titulares seguían reforzando la idea del triunfo. Una nota de El Universal del 29 de noviembre recogía: “Rosales dice que llegará a Miraflores luchando”; por su parte, El Nacional abría su edición del 25 de noviembre con “la mamá de las marchas”, en referencia al evento de fin de campaña.

Un día después, El Nacional con grandes letras exponía otra afirmación de Rosales: “El 4D empezaré a unir al país”. Dentro, en una entrevista hecha por Milagros Socorro, se hacía referencia al recorrido de “más de 75% de los municipios del país” hecho por él, lo que confirmaba la “certeza” de que se convertiría en el próximo presidente.

El 28 de noviembre en El Universal, el candidato opositor negaba que “estuviera en campaña contra el CNE” pero le exigía al árbitro que reconociera al ganador. Las declaraciones de varios voceros de la derecha sembraban dudas sobre la imparcialidad del Poder Electoral y alertaban sobre las posibles “trampas” pese a la presencia de 187 observadores internacionales.

Pese a las “dudas” sobre la transparencia del árbitro, El Nacional del 26 de ese mes destinaba toda una página a reseñar los actos proselitistas de Rosales: “Este pueblo está decidido y no lo para nadie (…) les vamos a ganar a lo largo y ancho de toda Venezuela”.

Todos contra el CNE

En las megaelecciones del 30 de julio de 2000, la estrategia de cuestionar al árbitro electoral daba sus primeros pasos. Las medios impresos buscaban desacreditar al Consejo Nacional Electoral (CNE), asomar la posibilidad de fraude y catalogar como negativa la gestión del gobierno. A pesar de que Hugo Chávez y Francisco Arias Cárdenas eran los dos candidatos presidenciales con mayor intención de voto, según las encuestas, la prensa prefería no hablar de sus campañas.

Meses antes, el 15 de diciembre de 1999, el pueblo venezolano aprobó por referendo consultivo la nueva constitución bolivariana, donde se establecía que debían realizarse nuevos comicios para religitimar todos los cargos de elección popular

El 22 de julio El Nacional publicaba que un grupo de la “sociedad civil”, entre los que destacaba la directora del Ateneo de Caracas, Carmen Ramia, el secretario de la Conferencia Episcopal, Hernán Sánchez Porras y organizaciones como Consecomercio, Cámara Venezolana de Radiodifusión y la Confederación de Asociación Israelitas de Venezuela, le pedían al CNE que fuera “garante de un proceso transparente”.

Un día después, un titular le lanzaba una advertencia al candidato del Polo Patriótico: “Chávez se equivocó al enfrentarse con Fedecámaras”.

El 25 de julio, a solo cinco días para elecciones, El Nacional titulaba: “CNE aún no ha entrenado a 42% de los miembros de mesa”. Más adelante se leía que 17% de esos miembros no habían sido aún localizados.

La oposición asomaba la posibilidad de que los directivos del CNE estuvieran siendo presionados y “quizás estuvieran confundidos acerca de los elementos técnicos relacionados con el proceso electoral”, a pesar de la presencia de observadores internacionales en el país.

En las páginas del diario se hacía énfasis en la necesidad de que un “liderazgo político emergente saliera del sector empresarial” y en “fortalecer la participación del capital privado y extranjero” en las filiales de Petróleos de Venezuela. De igual manera se pedía la inmediata privatización de las empresas de aluminio y eléctrica.

Casi diez días antes de las megaelecciones El Universal titulaba: “Persiste la sospecha de fraude electoral” y presentaba las declaraciones de Rafael Salvatierra, de Consultores 21, quien supuestamente había conversado con “expertos técnicos” que le habían dicho que “el gobierno haría una intervención” para poner los resultados a su favor, a pesar de que la misma encuestadora daba como ganador a Chávez.

En la edición del 26 de julio de Tal Cual silenciaba a los otros estudios de medición y prefería darle prioridad a la encuestadora Cirm Eurotop, que a pesar de darle una ventaja de 7 puntos a Chávez, afirmaba que 80% de los indecisos se volcaban hacia Arias.


En 1998 la estrategia fue la invisibilizar a Chávez y centrar todas las informaciones en las pugnas internas que ocurrían en los partidos puntofijistas Acción Democrática (AD) y Copei, que habían dejado de lado a sus abanderados en esos comicios (Luis Alfaro Ucero, secretario general de AD e Irene Sáez, respectivamente) para apoyar al candidato de Proyecto Venezuela, Henrique Salas Römer.

El 29 de noviembre, a pesar de que en un rincón de la parte superior izquierda de la primera página de Últimas Noticias (ÚN) había un pequeño recuadro donde se leía: “Consultores 21: Chávez 57,5%, Salas 30%”, en el centro, otro titular destacaba: “Estamos listos para ganar por paliza”, frase expresada por el candidato aliado con gobernadores adecos y copeyanos, que a una semana de los comicios, perdía con una brecha de 27,5% según esa encuesta.

El primero de diciembre ÚN titulaba: “Ahora no hay duda de que Salas Römer será el próximo Presidente de Venezuela”. Dentro de la nota, los diputados Alejandro Gómez Silva y Germán Sánchez expresaban que el apoyo “incondicional” de los gobernadores de AD y Copei, recién electos en los comicios del 8 de noviembre de ese año, “consolida de una vez por todas el triunfo claro y terminante”.

La invisibilización de Chávez era tal que una nota de ÚN, del 26 de noviembre, sobre las cifras que manejaba la encuestadora Datos, se refería a Salas al inicio, a pesar de que la intención de voto era de 36%, y posteriormente señalaba al “candidato del MAS que tiene 42%”, sin siquiera nombrarlo.

El periodista Roberto Giusti, en un escrito titulado: “Sin Chávez no hay Salas”, hacía referencia al acto de cierre de campaña de este último, que consistió en la llamada “Cabalgata de la Victoria” por distintos puntos de Caracas. El columnista decía que con ese recorrido “estaba quedando sepultada esa sensación totalizante y opresiva según la cual la victoria de Chávez no solo era inevitable sino por paliza”.

Según Giusti, “la calle, las avenidas, los cerros, ya no son propiedad de ese ejército de desarrapados dispuestos a dar la vida por su comandante”. En el artículo, además presentaba al candidato del continuismo como un hombre “Feliz, embebido por el barullo”, que “escuchaba arrobado los insultos, y lanzando besos a la multitud que lo rodeaba, le tendía la mano”.

A pesar de que ÚN le concedió toda una página con gran cantidad de fotos a la cabalgata realizada el 29 de noviembre, solo en un párrafo se reseñaba el discurso de Salas, que hablaba de “libertad”, “dictadura” y “mujeres embraguetadas y hombres con voluntad dispuestos a dar la batalla decisiva”.

El acto de cierre de campaña de Chávez, realizado el mismo día, obtuvo poca cobertura en los diarios, y fue descrito en El Universal como un conjunto de caravanas improvisadas “que reptaron con afiebrada dispersión por toda la capital”.

En la hemeroteca se puede ver: No hay aprendizaje. Frente a la campaña de hoy, la derecha venezolana y sus empresas informativas esgrimen los mismos argumentos que utilizaron antes de los eventos electorales de 1998, 1999, 2000, 2004 y 2006. Desde su perspectiva, las encuestadoras no logran medir la “realidad” y sus candidatos o propuestas estarían “subiendo cerros” o “agarrando calle”.

Semiótica del “Autobús del progreso”

Semiótica del “Autobús del progreso”

FERNANDO BUEN ABAD | 

Ninguna metáfora, en la propaganda política, es inocente. Cobran, palabra por palabra, los especialistas burgueses del diseño de “ingeniería de imagen”. En sus cálculos mercadológicos nada se libra al azar. Ellos saben que están en juego, lo que entienden por negociados millonarios y se devanan lo sesos hasta encontrar la “frase feliz” que aglutine las intenciones que confiesan, y también las inconfesables. Los llaman “eslogan”. 

Fernando Buen Abad Domínguez – Blogs Telesur

En la moral de los propagandistas burgueses anida la idea de que “todo vale”. Sus enunciados son “Caballo de Troya” de donde desembarca, voluntariosa, la ideología de la clase dominante.

Eso soñaron los inventores del “Autobús del progreso” pero la lógica les revienta en la cara una burrada descomunal: el pueblo no puede ser tratado como un “pasajero” al que se puede bajar de ese autobús luego de cruzar la meta electoral y comience a estorbar al “chofer” oligarca.

La metáfora del “Autobús del progreso”, en boca de la política más regresiva que Venezuela haya escuchado es, simplemente, un suicidio propagandístico.

No analizaron, simplemente les “sonó bonito” y firmaron el cheque millonario que le pagan a las agencias de publicidad, sus siempre dudosas estrategias de campaña.

Resulta que el “Autobús del progreso” se mueve con el combustible de la corrupción más rancia y que transporta paquetitos de billetes y paquetazos neoliberales. Derechito al infierno. Ahora todos quieren bajarse de ese “autobús”, cuanto antes, porque el propio “capitán” de la nave naufraga en saliva infectada por contradicciones y mentiras.

Su progreso demostró, rápidamente, ser un regreso. Exactamente a lo peor que ha padecido el pueblo venezolano.

Hoy el concepto “progreso” en su sentido económico, social y político… es exactamente lo contrario al pensamiento de los oligarcas y a la práctica concreta de capitalismo.

Cuando el mundo se cae a pedazos por la obra regresiva y depredadora del capitalismo contra los ecosistemas, contra los seres humanos, contra las relaciones sociales y contra el futuro mismo de la humanidad… la muy paupérrima inteligencia propagandística de la derecha venezolana trata de engañar a los electores con palabrería de “progresista” burgués y paquetazos neoliberales proyanquis de lo más retardatarios.

Su “autobús” va de reversa derechito a las cavernas.

Hace 100 años, probablemente, la promesa de “progreso” en abstracto tenía efecto en pueblos que no conocían aún el desarrollo tecnológico.

En plena era de internet y luego de haber construido una transición firme al socialismo, con elecciones cristalinas y con la memoria de abril tatuada en el corazón de la patria, al pueblo venezolano no se le engaña con el “progreso” burgués, responsable, por cierto, del peor armamentismo belicista, la contaminación más destructiva, la represión y los asesinatos más tecnificados y las máquinas de guerra ideológica más humillantes. El pueblo no es “pasajero”.

Director de encuestadora que da ganadora a la derecha es integrante de Primero Justicia

Director de encuestadora que da ganadora a la derecha es integrante de Primero Justicia

La encuestadora Polinomics, que en el único sondeo que realizó de cara a las elecciones del próximo 7 de octubre, dio un punto de ventaja al candidato de la derecha, Henrique Capriles Radonski, es dirigida por un integrante del partido Primero Justicia, agrupación que lo presentó como candidato a diputado a la Asamblea Nacional.

AVN

Se trata del economista Gustavo Rojas Matute, quien forma parte de Primero Justicia desde el 2004.

De acuerdo con datos señalados en una biografía publicada en su blogspot http://gustavodiputado.blogspot.com/p/quien-es-gustavo_01.html, en vísperas de su campaña para diputado, se especifica que Rojas Matute fue miembro de la Junta Directiva Regional donde coordinó la Fundación Justicia y Democracia en Caracas.

Además, representó a Primero Justicia en el Programa de Visitantes Latinoamericanos de la Fundación FAES en Madrid, España, realizado en 2008.

Ahora, es director de la encuestadora, de una sola encuesta, Polinomics, cuya sede está en el municipio Chacao, en Caracas, y otra oficina “virtual” en Washington, Estados Unidos. Según el propio Rojas Matute el término virtual se otorga porque en Estados Unidos no tienen sede propia, sino que alquilan espacios para hacer sus estudios.

Sin embargo, en un trabajo reciente publicado por la Agencia Venezolana de Noticias (AVN) se constató que en el sitio web de la encuestadora se especifica que dicha sede está ubicada en la siguiente dirección: 1725 I St. NW. Suite 300. Washington D.C.

Esta encuestadora, como otras dos que surgieron casualmente al vapor electoral presidencial de este año, muestran números que otorgan victoria a Capriles Radonski. En el caso de Polinomics, según su director, el propósito principal inicial es “posicionarse como empresa y darse a conocer”.

No obstante, ya Polinomics fue contratada por un candidato a gobernador cuyo nombre Rojas Matute no se atrevió a revelar. Lo que si aclaró fue que dependiendo del financiamiento que reciba la encuestadora, se tomará la decisión de publicar o no sus resultados.