lunes, 17 de marzo de 2014
domingo, 16 de marzo de 2014
MARACAIBO: YUKPAS NO SE CALAN ECOCIDIO Y PIDEN RESPETO HACIA LOS ÁRBOLES VÍCTIMAS DE LOS GUARIMBEROS
MARACAIBO: YUKPAS NO SE CALAN ECOCIDIO Y PIDEN RESPETO HACIA LOS ÁRBOLES VÍCTIMAS DE LOS GUARIMBEROS
Pero frente al desatino, los zulianos de buena voluntad han alzado su voz y han pedido sanciones ejemplarizantes para los ecocidas.
Las calles de Maracaibo se han convertido en un campo santo donde reposan más de 800 árboles derribados por la furia desatada entre una minoría que dice protestar pacíficamente por un mejor país. Paradójicamente, allí a la vista de todos, como evidencia de la irracionalidad y la falta de respeto por la vida, yacen en cualquier esquina cujíes, ceibas, búcaros,nim, mangos, jabillos, entre tantos otros. Los que en algún momento brindaron su sombra y sus frutos, ya no están.
Pero frente al desatino, los zulianos de buena voluntad han alzado su voz y han pedido sanciones ejemplarizantes para los ecocidas. En este conglomerado de voces y conciencias a favor de la naturaleza, nuestros hermanos indígenas tienen mucho que decir. Para la cultura Yukpa, por ejemplo, no podía pasar desapercibida la tala indiscriminada acontecida en nuestra ciudad, ya que dentro de su cosmovisión los árboles son sagrados.
En los relatos que han pasado de generación en generación entre los Yukpas, se habla de un ser superior llamado Amoricha o Kumoko, quien fue advertido por un pájaro carpintero sobre la existencia de un árbol del cual manaba sangre. De ese árbol, en medio del bosque, el Dios Yukpa dio vida al primer hombre y a la primera mujer.
Hoy día, algunos descendientes de ese Padre Árbol, quienes habitan en el kilómetro 16 de la vía a Perijá, ven con tristeza y preocupación lo que está sucediendo. Los hombres de esa comunidad, asentada en la Granja Manú (Árbol Maduro en idioma Yukpa), se han trasladado a Maracaibo para recolectar los troncos de los árboles que han sido talados en diversas zonas de la ciudad, como una forma de pedir perdón a la naturaleza ante el daño ocasionado por los seres humanos.
Adelso, uno de los líderes del grupo, es un hombre de pocas palabras, sin embargo en medio de la faena de cargar los troncos hasta el camión reflexiona en voz alta: “Si nosotros necesitamos las maticas pa’ la sombra ¿por qué las van a cortar?”
La pregunta queda en el aire. Los troncos recolectados, con el apoyo de la Gobernación Bolivariana del Zulia, serán llevados hasta la Granja Manú con la solemnidad que exige esta cultura milenaria, por haber sido árboles dadores de vida, de oxígeno y de cobijo. Esta Maracaibo Herida, cuenta con quienes ofrecen sus mejores esfuerzos para sanarla.
PAPIS, MAMIS, PROFES Y EMPRESARIOS AHORA SABRÁN LO BUENO QUE ES UNA GUARIMBA DENTRO DE SUS CASAS
PAPIS, MAMIS, PROFES Y EMPRESARIOS AHORA SABRÁN LO BUENO QUE ES UNA GUARIMBA DENTRO DE SUS CASAS
Clodovaldo Hernández en su artículo exclusivo para LaIguana.Tv narra lo que les toca vivir ahora a los padres que tienen a sus hijos en sus casas todo el día por no ir a clases.
¿Y ahora quién frena la desobediencia sifrina?
Por Clodovaldo Hernández
Un amigo que labora como obrero en un instituto educativo privado (de los llamados “de élite”) me envió, muy alarmado, mensajes de texto para contarme que los estudiantes de varias secciones de educación Media se negaban a entrar a clase. “Están alzados”, escribió. Le pregunté por qué y me contestó: “Porque les da la gana”.
Al parecer, los muchachitos de entre 12 y 16 años aprovechan el estado general de insurrección que han decretado sus papás, mamás, abuelos, abuelas, hermanos y hermanas mayores, profesores, así como alcaldes, figuras políticas, periodísticas y faranduleras de la oposición pirómana, para declararse libres de toda autoridad y disciplina, incluyendo la de todos los anteriores. Bueno, señoras y señores: ahora “vean a ver” qué hacen.
La mezcla de la natural rebeldía adolescente de los pichurris con los afanes guarimberos de mamá y papá es algo explosivo. Si usted tuviera 13 años y viera todas las noches a su mami maldiciendo al presidente constitucional de la República, golpeando frenéticamente una olla e instigando a su hermano mayor para que salga a quemar basura, quitar alcantarillas y armar barricadas, ¿cuál podría ser su idea del mundo?, ¿qué de raro tendría, en ese contexto, que usted pretendiera luego darle un cacerolazo, montarle una guarimba o quemarle el carro al profesor de Física porque “ese viejo es un atorrante”?
Si usted fuera un tarajallo de 16 y observara a su papá cuarentón dándoselas de Rambo tropical, ataviado con un pasamontaña, hablando en clave de película gringa a través de Zello, encompinchado con otros barrigones de la urbanización para poner guayas en los postes y “neutralizar a los monos”, dígame francamente: ¿no le entrarían ganas de ir al colegio a practicar eso que llaman el bullying contra cualquiera que tenga la piel oscura, fama de chavista o cara de pendejo?
Si usted fuera una quinceañera bonita del “este del este” y presenciara cada noche cómo su mamá, exitosa ejecutiva de una importante empresa, se transfigura en candidata a uno de esos programas sobre mujeres asesinas y sale a presionar a sus vecinas para que vayan a guarimbear “o se atengan a las consecuencias”, ¿no se sentiría usted inclinada a agarrar por las greñas a la otra quinceañera, “la ridícula esa”, que le quitó el novio?
Los cabecillas de la sublevación de la clase media creyeron que podían enfocar la violencia, la insubordinación, el bochinche en contra del gobierno nacional, pero ya está más que demostrado que después de abrir la caja de Pandora, no hay quien vuelva a poner en su sitio a los demonios. No consideraron la posibilidad de que la desobediencia sifrina se volviera endógena. Así que ahora papis, mamis, profes, empresarios, es cuándo van a saber lo que significa una guarimba, pero dentro de la casa, del colegio, de la universidad, del centro comercial. Cálensela.
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